Hablar del silencio se ha convertido en uno de mis mayores retos, identificar las cosas que callaba, los motivos, las ganancias secundarias y las pérdidas que se manifestaban como consecuencias de una comunicación inconsistente entre lo que necesitaba, quería, deseaba y mis acciones.

El silencio era parte de mi manera de no comprometerme

Comprender las relaciones de amistad, de pareja, familiares, laborales, tienen una complejidad si lo que me movía a relacionarme era buscar la aceptación, el amor, la pertenencia. Quedar bien con los que me rodeaban y convertirme en un camaleón en cada relación, me llevó a una perdida de sentido de identidad, hasta no saber ¿Cuáles eran mis gustos? ¿Cuáles eran mis verdaderos intereses? ¿Me gustaba convivir con las personas con las que me relacionaba? Esas no preguntas no estaban en el panorama hace algunos años, actuaba por que era lo que tenía al alcance, sin una búsqueda consciente de tener relaciones perdurables o significativas, era para mí todo un reto el aceptar la expresión de los demás, de mi parte había juicios no expresados, descalificaciones no dichas de manera verbal, lo que hacía un caos, el poder estar actuando de manera complaciente y callando lo que en realidad pensaba, no conocía otra manera de relacionarme, vivía entre mis juicios hacia los demás y complacer para pertenecer.

Viviendo la vida de otros sin vivir la mía, buscando que los demás me dieran mi sentido de identidad en nombre del amor